José García Sánchez

La sorpresiva y peligrosa decisión de dejar sin trabajo a 1,500 asesores de los diputados federales viene a enrarecer más aún el clima de especulaciones sobre los verdaderos resultados de las elecciones del 1 de julio.
Ya se descalificó al Tribunal Electoral cuando se le otorga como por arte de magia, la candidatura a Jaime Rodríguez Calderón.
El tribunal electoral descalifica con este fallo el trabajo del INE, cuyos consejeros electorales protestan por lo que saben es su descalificación no sólo en el caso de El Bronco sino de la elección en su totalidad.
Es decir, a partir de aquí las dos instancias electorales, reconocidas como instituciones de arbitraje y autoridad en los comicios se descalifican una a otra.
Ahora los 500 diputados despiden a sus asesores, a pesar de que sus funciones terminan el último día de agosto. No los liquidan simplemente les pagan los meses restantes a su fin de labores como finiquito. Pero aquí los problemas laborales son lo demos, sin que deje de ser una acción grave, viniendo de donde viene.
Lo que está detrás de todo esto es lo que preocupa. Sin diputados las instituciones se diluyen. Los diputados sin asesores no son nada, la Cámara de Diputados se anula por sí misma en tiempos en los que debe estar más activa y atenta al acontecer político, social y electoral en todo el país. Son el sentir de la gente de los 300 distritos electorales
A menos que se espere una asonada militar o algo semejante que impida el triunfo de un candidato diferente al PRI, la ausencia de los diputados puede anunciar un desastre en unas elecciones que desde la víspera está saturada de especulaciones que tienen que ver con la violencia.
La Cámara de Diputados es una instancia auxiliar en las coyuntura políticas y sociales de cualquier democracia, es la representación indirecta de la población y todo hace suponer que estarán ausentes o presentes pero sin el apoyo de sus asesores que representan el 80 por ciento del cerebro que los mueves y dinamiza.
El temor infundido desde algunos puntos de la geografía nacional para que la gente no acuda a las casillas se incrementa con esta postura de los diputados que pareciera se esconderán para no ser afectados por la violencia.
Pareciera que se trata de una orquestación para dejar sin instituciones la víspera, la jornada y los días posteriores a la elección. Como si las instituciones se mandaran al diablo a sí mismas.
El Poder Legislativo en una democracia representativa es la tercera parte del poder y no puede estar mermada en los momentos más críticos de su propia estabilidad o consolidación. Es un pilar de la democracia, del equilibrio de poderes, es una instancia que finalmente decide conflictos y califica fallos o los echa para atrás, según su equilibrio interno de fuerzas, no puede disminuir su estructura en tiempos de mayor responsabilidad.
Llama la atención este despido de 1,500 trabajadores en la Cámara de Diputados, es como si la legalidad del sistema en tiempos electorales se convirtiera en una disolución del estado de derecho.
Ya está descalificado el Tribunal Electoral, el INE apenas respira por la herida que le hiciera el Trife, ahora es la Cámara de Diputados la que se hace chiquita, y pierde la brújula.

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