Muchas gracias Mr. Trump, no se hubiera usted molestado con hacernos el enorme favor de exentarnos junto con Canadá de la aplicación de aranceles a nuestras exportaciones de acero y aluminio hacia su país; que a decir verdad no representa cifras significativas, incluso México exporta menos cantidad de aluminio que Argentina que ocupa el quinto lugar de países exportadores del metal hacia Estados Unidos. De enero a octubre del 2017 Argentina exportó 368 millones de dólares.

Por lo que respecta al acero, la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y el Acero (Canacero) declaró que México no representa ningún peligro para la economía de los Estados Unidos, toda vez que México importa más acero de Estados Unidos que lo que exporta a la Unión Americana. Los números dejan claro esta afirmación, las ventas de acero de Estados Unidos a México superaron los 6 mil 200 millones de dólares en el 2008 a 9 mil 800 millones en el 2017.

Sin embargo, la decisión temporal de no aplicar aranceles a México no quitan la Espada de Damocles de nuestra cabeza, pues la aplicación o no dependerá de la buena marcha de las negociaciones del TLCAN que beneficien a Estados Unidos.

De aplicarse las medidas impositivas contra nuestro país las pérdidas serían de entre 1,300 y 1,500 millones de dólares y el Estado mexicano más perjudicado con la decisión sería Coahuila.

La otra cara de la moneda sería el que de aplicarse las acciones proteccionistas, México aplicaría medidas espejo contra Estados Unidos, a fin de emparejar las negociaciones aplicando duras tarifas arancelarias al maíz y al trigo o bien dejando de comprarlo. Más adelante serían significativas alzas de impuestos a los vuelos de México a la Unión Americana, a efecto de disminuir el flujo de viajeros hacia Estados Unidos.

De no corregir a corto plazo el diferendo comercial, el daño económico para ambos países sería desastroso y las consecuencias políticas, sobre todo, para el gobierno de Trump catastróficas, ya que para los estadounidenses nada es más grave que tener un hoyo en su cartera.

Los granjeros, las grandes fábricas y comercializadoras de alimentos, las lineas aéreas, los transportistas y el gran comercio exportador serían los primeros en protestar contra las medidas proteccionistas del presidente quien recién declaró que “las guerras comerciales son buenas”.

De manera, que el “favor” del presidente Trump hacia México al no aplicarnos “la quebradora” es una más de sus artimañas, de sus fintas, de su bluff, pues sabe bien que las cifras del comercio de acero y aluminio entre los dos países, México es deficitario y el país que saldría perdiendo con esa maniobra sería Estados Unidos.

Es por ello que Trump, de inmediato, corrigió la amenaza para aplicar aranceles contra nuestro país expresando su “buena voluntad y flexibilidad para negociar con países amigos” como, según él, somos México y Canadá.

Hizo bien el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo en corregirle la plana al presidente Trump, en el sentido de aclararle que las negociaciones del TLCAN no se contemplan dentro de esta nueva amenaza arancelaria.

Para calmar los ánimos, Trump envío a su principal asesor y yerno, Jared Kushner, a México para platicar sobre ese y otros asuntos con el Presidente Enrique Peña Nieto. La información de lo que se platicó, durante tres horas en la casa presidencial, fue escueta, se informó, como es costumbre, de lo que a juicio del ejecutivo interesa, “Mexico y Canadá están exentos de la aplicación de aranceles al acero y aluminio”. Nada más, entonces la nación tendrá que esperar la glosa del último informe presidencial para que la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Senado nos amplíen la información “a toro pasado”, cuando el aguacero haya amainado.

Este hombre, Trump, no se está quieto, pareciera que el estado de conflicto es el oxigeno vital que necesita para vivir. No hay día que armado de su herramienta preferida lance tweets y buscar broncas con quien se deje y si no lo encuentra los inventa.

El jueves pasado él y su circulo económico encontraron el motivo para causar otra preocupación y desequilibrio económico mundial; aplicar aranceles al acero y al aluminio a los países que exportan lodos metales a Estados Unidos, considerando de que si ello causa una guerra comercial a nivel mundial no hay porque preocuparse, pues estas, “las guerras comerciales son buenas”.

No hay duda de que la libre competencia está todavía imperfectamente practicada.

No sabemos que ocurrirá a nivel mundial si es que este hombre lleva a cabo su amenaza aplicando aranceles, pero de lo que si estamos ciertos es que los países europeos no se van a quedar con los brazos cruzados, sobre todo, cuando se trata de países aliados en dos guerras mundiales y en un largo “Entente Cordiale”, pero que ahora “un solo hombre” está convirtiendo las relaciones comerciales en una lucha por el poder mundial (America First) sin importar alianza alguna.

El Senado tendrá que opinar y actuar pues las decisiones del Ejecutivo están cargadas de un costo geopolítico muy alto.

@luis_murat

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