La Procuraduría General de la república es en el México actual una especie de Inquisición que puede castigar inocentes y mantener en libertad a los delincuentes, sobre todo a los de cuello blanco.
El historial de detenciones de los enemigos de los poderosos o de sus amigos es interminable. La PGR tiene las facultades de determinar lo bueno y lo malos y decretar a los inocentes de los culpables, incluso in investigación de por medio.
Lo cierto es que hay dos casos en los que la PGR debe preocupar a los mexicanos, quienes no estamos libres de delitos inventaos por cualquier persona dentro de la administración pública que se sienta agredida o simplemente aludida por algún poderoso, dentro o fuera de la administración pública, simplemente poderoso.
La coalición Por México al Frente responsabilizaron ante la OEA al gobierno de Enrique Peña Nieto y al PRI por un presunto uso faccioso y abusivo de la PGR contra su candidato presidencial Ricardo Anaya. La PGR rechazó dichas acusaciones; sin embargo, la historia de la institución la desmiente.
Otro de los factores que colocan a la PGR como un oráculo que determina el futuro de las personas fue la alusión que el candidato del PRI a la Presidencia de la República, José Antonio Meade hiciera sobre algunos priistas colocados en las listas de los legisladores plurinominales rumbo al Senado y a la Cámara de Diputados.
José Antonio Meade, aseguró que en la lista de candidatos a diputados y senadores plurinominales del PRI, nadie tiene cuentas pendientes con la ley.
“No hay una sola gente en la lista que tenga un procedimiento pendiente o abierto. Es una lista en donde encontramos expresiones de género, expresiones de jóvenes, expresiones de diferentes sectores, expresiones de diferentes agendas y, vuelvo a reiterar, la agenda de transparencia”, insistió.
Pero si la PGR la maneja a su antojo el partido en el poder y especialmente el PRI, no hay delito que perseguir ni averiguación que iniciar. A pesar de que en esa lista hay personajes de oscura trayectoria como Rubén Moreira, Eruviel Ávila, Luis Miranda, Isaías González, Arturo Zamora, entre otros, que no sólo para Meade sino para la PGR están libres de culpa.
Ante esta aseveración puede advertirse que la PGR hace buenos a los malos y malos a los buenos porque acusa sin pruebas, desacredita sin investigación, encarcela sin juicio. Basta y sobra con que la persona en cuestión no coincida con las decisiones arbitrarias y autoritarias de un poder que se desmorona.
Sobre esa condición el candidato del PRI a la Presidencia de la República, asegura que observa las candidaturas plurinominales de su partido adoptivo, muy equilibradas. Es decir, en ese momento Meade se erige como el nuevo propietario de la PGR, que actúa de acuerdo a los criterios políticos de un grupo reducido en el poder. Y así se manifiesta ante unas elecciones que se anuncian adversas a su candidatura.
La PGR tiene más de 90 por ciento de las averiguaciones sin atender, congeladas u olvidadas, pero que no se trata de algún enemigo del poder porque actúan de inmediato y si es preciso encarcelar sin investigación y sentenciar sin juicio, mejor, ya saldrán cuando termine el sexenio, cuya cabeza se vaya del poder.

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