No hay duda de que el PRI tiene su peor enemigo en sus propias filas y no puede atribuirse a la deslealtad sino a la incapacidad. Para no ir más allá, su líder nacional, que mostró en un momento de tensión al gran racista que conduce al usar la palabra prietos para designar, no sin rencor, a los que fueron a otra fiesta.

La llegada de Enrique Ochoa Reza a la fiesta ha estado más cerca de la comedia que la capacidad de negociación o la lucha partidista. Su sonrisa vestida como una sonrisa muestra una máscara que no puede quitarse de su rostro.

Bautizado por sus propios compañeros como “Clavillazo”, por su parecido con el comediante del cine nacional, no se le conoce idea o propuesta personal que pueda ser recordada. Sólo la descalificación llena al enemigo y la exaltación libre de sus correligionarios y no correligionarios, pero eso está dentro del esquema conservador de su partido, como es el caso de quién, para este gran ignorante, es un político bien preparado. Claro, en la tierra de ciegos, el muerto es rey.

La torpeza de Ochoa Reza debería ser razón suficiente para eliminar de él, su forma de hablar español no es la mejor, no sé las diferencias entre los géneros gramaticales que se enseñan en primaria. Reacciona primer presidente “por ejemplo, fallas y otra primaria grave que las ponen aldo Ene opuesto de un empleado que están dispuestos de manera aparentemente preferido, pero junto a él, ya sea” muy listo”.

Enrique Ochoa Reza debería echar un vistazo al patrón y ver cuántos militantes han dejado su juego desde su llegada, seguramente va a ser sorprendido, pero el patrón de PRI es un galimatías que nadie entiende.

El INE ha declarado que ni el PRI ni ningún otro partido conocen el número de militantes, porque el 20.09 por ciento de su estándar simplemente no existe. Están los muertos, los desaparecidos, los encarcelados, los que inflaron la conexión con datos falsos, etc.

Aunque el registro electoral del tricolor es una mentira en su quinta parte, en el resto de los juegos no es diferente.

Sin embargo, el PRI, como partido en el poder, tiene una estructura mejor y mejor, con el apoyo de hombres y mujeres en el poder, tiene la obligación de mantener permanentemente un patrón exacto, casi preciso. No es así.

El PRI es un apéndice del poder, a pesar de que en este último grupo gobernante no tiene en cuenta los militantes incluido su líder, que seguramente será vergüenza y no por el color de su piel, pero no pertenecen a la élite que tiene puesto grado en el extranjero y son jóvenes y hermosos.

No es lo mismo la militancia utiliza como carne de cañón en las campañas y las primarias que la élite del poder que viven en una esfera de cristal lo suficientemente opaco para no darse cuenta de la realidad de su país. Solo tienen ojos para sus similares.

El PRI tiene, a primera vista, dos caras, que en una época electoral infructuosamente intentan parecerse a una sola, pero son diferentes, incluso en el color de la piel.

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