Luis Octavio Murat Macías

La primera fase del proceso electoral rumbo al 1 de julio terminó. Las llamadas precampañas no fueron otra cosa que un periodo de descalificaciones entre los aspirantes a ocupar los 3,447 cargos de elección popular que estarán en juego. Aspirantes, después precandidatos y en marzo por fin candidatos. Enredado procedimiento de precampañas, después veda electoral y en seis semanas campañas electorales. ¡Vaya con el intríngulis!

¿Para que tantas vueltas a un proceso que podría ser pragmático, objetivo y menos costoso, si tomamos en cuenta que el proceso electoral del 2018 costará 2 mil, 138 millones de pesos únicamente en precampañas y campañas; 27% más costosas que las elecciones del 2012 debido a que el padrón electoral pasó de 84.4 millones a 87.1 millones de ciudadanos.

El INE gastará 22 mil pesos por cada casilla instalada lo que eleva el gasto en este año a 3,410 millones para instalar el total de casillas.

Las bolsas que recibirán los partidos políticos para las campañas crecerán 27% en comparación del 2012, lo cual significa que los partidos recibirán 457. 8 millones de pesos más de la cantidad originalmente presupuestada. Esta montaña de dinero se calculó en base al número de ciudadanos que están registrados en el padrón electoral por 65% de la Unidad de Medida y Actualización (UMA) entre dos, y si el último corte al padrón al 23 de junio fue de 87 millones 159 497 multiplicado por 655 de la UMA, que es de 75.49 pesos diarios entre 2, tenemos como resultado 87 millones 159 mil por 49.0685 entre 2, que es igual 2 mil 138 millones de pesos. Las elecciones más caras del mundo que arrojarán resultados magros en cuanto a democracia y calidad política se refiere, toda vez que las minorías deciden quienes gobernarán al país debido a que esas, las minorías son las que emiten el voto, el resto, la mayoría de la población en edad de votar no lo hacen porque no les importa, porque no creen en el sistema político mexicano de partidos y, mucho menos, en los que resultan electos como legisladores, presidentes municipales, gobernadores y presidente de la República. Así de costosa es la incipiente democracia mexicana.

¿Para que hacer más complicado, lento, engorroso y hasta ridículo el proceso electoral que estamos padeciendo como son los millones de spots plagados de mentiras que los aspirantes, luego precandidatos y finalmente los candidatos, que durante todo el día y noche nos recetan en casa, en la oficina, por teléfono, por correo, en espectaculares donde aparecen caras, horrorosos mensajes, insulsos que no comunican nada?

Es innecesaria tal complicación, sobre todo, cuando es tan estrecha en la acción, como los callejones andaluces o guanajuatenses, de subidas y bajadas, serpenteando, estrechos, bellos y románticos, pero complicados y fatigosos para caminar, mas aún, cuando el ritmo de la vida es vertiginoso y costoso.

Sería más fácil emplear un método pragmático, más simple y menos costoso. Pero no señor, hay que complicar el asunto, gastar más dinero, montañas de dinero de la nación que mayoritariamente no vota, lo cual resulta todavía más caro si tomamos en cuenta que en las pasadas elecciones del 2015 la participación ciudadana fue del 47.7%, lo cual significó que votaron 39 millones 872 mil 246 mexicanos menos de la mitad del padrón electoral acudió a las urnas, lo que significa menos de una tercera parte del total de ciudadanos que en el 2009 y 11 millones menos que en el 2012, y tomando en cuenta que el 4.7% de personas anularon su voto.

En una empresa privada estos números le costarían el puesto al presidente o director general porque estarían llevando a la empresa a la bancarrota.

Pero como los dineros son de la nación las cuentas son alegres porque nadie protesta, mucho menos los legisladores y los dirigentes de los partidos políticos a los que solo les interesan los dineros y los cotos de poder que están en juego. Así que la nación se fastidie.

El costo del sistema político mexicano es enorme y no corresponde al nivel de ingreso de la población que es el más bajo de America Latina. Esto nos lleva a una realidad innegable, cada vez que hay elecciones en nuestro país se hace más injusto y desequilibrado el reparto de la riqueza en México.

El negocio en que ha caído el sistema político mexicano es obsoleto, populista y deficitario porque son escasos los beneficios y más los perjuicios, ejemplos sobran, solo basta ver en lo que se ha convertido CDMX gobernada por los que resultaron electos por minorías, que en complicidad con desarrolladores, mafias del comercio ambulante, mafias del transporte público; gobernantes que se han adueñado de las calles de la capital del país por casi 20 años y que ahora, nuevamente, están pidiendo el voto ciudadano porque su apetito es voraz y nunca se satisface.

¿Qué beneficio aportaron las precampañas? Para la nación nada. ¿Para los aspirantes? Para Pepe Meade que cambie al grupo de asesores que han convertido las oficinas alternas en un cuarto de víboras; para Andrés López que encontró el perfil que le ha sumado puntos, ya no es un limón y para Ricardo Anaya que cabalga a gran velocidad y con éxito a pesar de la guerra sucia desatada en su contra.

@luis_murat

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