*Julián González Villarreal

El 2018 ya comenzó y la realidad nos hace críticos, ¿Qué pasará ahora con la Reforma Educativa?
Mucho se ha dicho sobre la reforma educativa en México pero poco se ha profundizado en sus problemáticas. Mucho se ha dicho sobre su fundamento y motivación laboral, pero los daños colaterales se minimizan o absurdamente, se cae en un victimismo crónico.

El síndrome de culpar al otro de todo lo que sucede, es el primer síntoma de falta de madurez y sentido crítico, ante esto, es lamentable que el Estado Global balcanizara los problemas estructurales del neoliberalismo y planteara como solución una reforma educativa.

México sucumbió, culpó al magisterio de las problemáticas educativas y planteó que el futuro del país, no puede ser víctima de docentes, formados pedagogicamente y forjados desde una realidad no conocida por los burócratas. Así, lo que pretendió ser una reforma educativa, se ha tornado en un callejón sin salida digna para ninguna de las dos partes.

La “mal” llamada reforma educativa, atentó en contra de la dignidad magisterial, muchos prefirieron la jubilación antes que verse denigrados como parte de un sistema educativo fallido, un sistema educativo que no fue capaz de aceptar su responsabilidad ante las problemáticas educativas y que prefirió verse como víctima en lugar de realizar una verdadera cruzada en contra de los verdaderos males.

Hoy, las consecuencias de la dichosa reforma educativa, puede palparse crudamente: Jefaturas de sector y supervisiones acéfalas, falta de personal docente en las escuelas, trabajadores con incertidumbre respecto a su situación laboral, personal “idóneo” contratados de manera temporal en completa indefensión jurídica y lo más complejo de comprender, el fantasma de la desconfianza entre maestros y padres de familia.

Curricularmente, la reforma educativa pretende matizar varios planteamientos
Pedagógicos y discursivos de la desidencia magisterial, sin embargo, el lenguaje político insiste en denostar la transformación pedagógica que día a día se construye en los salones de clase, bajo los contextos escolares y los saberes comunitarios.

Todo esto, a pesar de aulas en mal estado físico, falta de personal que cubra el 100% de los espacios curriculares, una inadecuada comunicación administrativa y política entre las autoridades educativas y las de supervisión, el abandono de la asesoría técnico pedagógica, sustitución del acompañamiento pedagógico y la compartencia por cursos en línea, es decir, una reforma educativa insensible a la cruda cotidianidad de los trabajadores de la educación.

En conclusión, una actitud de victimización por cualquiera de las partes impedirá la dialogicidad necesaria para superar está crisis educativa. La dialogicidad para la creación de consensos educativos es una tarea que ojalá el próximo gobierno de atreva a atender.

*Maestro en Pedagogía Crítica.

Nota de la Redacción: El título original del texto es: “LA REFORMA EDUCATIVA Y SUS PROBLEMÁTICAS . (Sólo algunas) “.

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