Todo está de la chingada: Entre la costumbre y el conformismo

César Morales Niño (*)

La mayoría de las familias mexicanas viven el drama de la mal llamada reforma energética, más allá del crudo frío de la temporada invernal lo que resienten en el arranque de año es el alza de los precios al gas doméstico, el recibo de la luz, el huevo y las tortillas, por mencionar los productos de mayor consumo.

Pero ¿por qué no pasa nada?, ¿por qué la gente no sale a las calles a gritar su inconformidad si a la mayoría le afecta?

La explicación podría ser hasta científica: El ser humano tiene entre sus virtudes, la capacidad de adaptabilidad, por ejemplo, las personas han tenido que adaptarse a las nuevas tecnologías; en el caso de las grandes ciudades, sus habitantes han tenido que adaptarse a vivir con aire contaminado y aglomeraciones.

Esta virtud, que más bien parecería un grave defecto, la conoce y la ha utilizado muy bien el sistema de gobierno que ha ostentado el poder público en lo últimos 100 años.

Para muestra, en los primeros cuatro años del sexenio, la gente se acostumbró a la política de los gasolinazos, al principio generó cierto malestar entre los automovilistas, principalmente, que la gasolina subiera de precio algunos centavos cada mes; la gente se acostumbró a esta política y no pasó nada.

Luego, el gobierno de Peña Nieto fue más allá, y al inicio de 2017 lazó un megagasolinazo, seguido del cambio de precio diariamente, entonces hubo protestas, se recolectaron firmas y ante estas acciones, el Gobierno decidió mantener el precio sin mucha variación y la gente se volvió a acostumbrar y ya no dijo nada.

En ese mismo año vinieron aumentos a la luz y al gas doméstico, ¿y qué crees?, otra vez algunas protestas tibias y de nueva cuenta la gente se acostumbró y no pasó nada.

Tal vez porque estos incrementos no afectaban en mucho el precio de los productos de consumo básico, porque se daban de manera gradual y mientras, el Gobierno distraía a la población con supuestos saqueos en el Estado de México y Veracruz; la peliculesca captura de “El Chapo”; del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte; el escándalo del financiamiento de la campaña de Peña Nieto por la petrolera brasileña Odebrecht; la deportación de mexicanos y dreamers por el gobierno de Trump e incluso, la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), así como la cancelación de inversiones por parte de empresas norteamericanas en territorio mexicano.

Así llegó noviembre y con él la liberación del precio de la gasolina, desde entonces cada gasolinera vende el combustible al precio que le da la gana; también vino el alza al precio del gas doméstico, el mayor en muchos años y no podía falta el alza al precio de la luz y eso lo saben muy bien las amas de casa y los jefes de familia, que con su raquítico salario tienen que pagar las cuentas.

Y como consecuencia al alza a los combustibles también subió de manera dramática el precio de la tortilla, porque se necesita de luz, gas y gasolina para la transportación del maíz, la masa y la fabricación de las tortillas; y también subió el precio del huevo porque los productores dicen que la gasolina está cada día más cara.

Por el momento, la gente está despertando de la resaca del fin de año, hay distractores regulares como nuevamente los saqueos controlados a tiendas del Estado de México y Veracruz; la extradición del exgobernador de Quintana Roo, Roberto Borge o la viral canción del niño naranja.  La gente todavía no se ha dado cuenta de lo que está pasando, y es que andan tras los juguetes para sus hijas e hijos; además hay que partir la rosca con familiares y amistades, para ver quién pone los tamales el 2 de febrero; y claro, ya hay que regresar a clases.

Otra vez nadie dirá nada o solo nos conformaremos con decir: ¡Todo está de la chingada! y nos volveremos a adaptar a las circunstancia y acostumbrarnos a esta nueva vida de carestía y circo.

¡Piénsalo, reflexiona y participa!

 

* César Morales Niño es licenciado en Comunicación y Periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de Mëxico (UNAM). Reconocido por sus trabajos en medios de comunicación nacionales y locales además de su experiencia coordinando campañas electorales para Gobernador ySenador de la República.

 

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