4.- El proconsulado del NYT en México

Los corresponsales del NYT en México han sido, en la realidad, un factor de poder que representan la perspectiva de los enfoques de seguridad nacional del imperio sobre su vecino del sur. El que hizo los mejores esfuerzos para entender a México fue Alan Riding, quizá por su origen brasileño-inglés. No sólo trató de entender a México desde la perspectiva de la información, sino que se dedicó a estudiar su cultura en El Colegio de México. Su libro Vecinos distantes fue parte de ese esfuerzo de entendimiento.
Antes de Riding, el corresponsal del NYT tomó la plaza con complacencia, se pasaba los días jugando en el Casino de la Selva de Cuernavaca y sus relaciones cómodas con el poder lo tenían bajo control de los gobiernos priístas, según cuenta Talese en El reino y el poder. A Riding, además, le tocó lidiar con los ochenta con el embajador John Gavin, un prepotente actor de origen mexicano que había filmado películas en Hollywood con el presidente Reagan. Por eso sus primeras acciones fueron para negar cualquier gota de sangre mexicana y se comportó como un procónsul imperial. Inclusive, sus relaciones con el NYT fueron ríspidas: en una ocasión durante el conflicto México-EE.UU. por el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, Gavin dio una conferencia de prensa en la embajada y ante la pregunta de Riding, suficientemente conocido, Gavin le preguntó: ¿de qué medio viene usted? Y Riding, con una sonrisa, le dijo: del New York Times.
Los corresponsales del NYT en México posteriores a Riding se encontraron ya con un país en cambio; había más prensa crítica, más partidos, más dinamismo político. Sólo destacó Sam Dillon por su nota en primera plana del diario en 1997 acusando a Beltrones de ser parte del narco, pero el político mexicano probó que la referencia del corresponsal, sin ninguna prueba, era falsa, y así lo tuvo que reconocer la dirección del periódico. Sin embargo, como siempre ocurre, Dillon fue protegido por uno de los directores de opinión del periódico, retirado por la puerta de atrás de la corresponsalía y nunca fue reprendido ni castigado por haber embarcado al periódico con una nota falsa. Pero se trató, el de Dillon, de uno de los muchos casos del diario y las notas falsas.
El caso de Dillon-NYT-Beltrones se convirtió en un asunto de ética periodística en escuelas de periodismo de los EE.UU. porque el profesor Keith Rossenblum publicó el libro No hay acusador ni delito, pero eres culpable, un análisis párrafo por párrafo del reportaje de Dillon en el NYT del 23 de septiembre de 1997 en el que acusó a Beltrones. Y línea por línea Rossenblum demostró las fallas no sólo de técnica periodística sino de ética informativa de Dillon. El asunto se complicó por datos que llevaron a probar complicidad de Dillon con el banquero Roberto Hernández cuando el corresponsal amenazó a un periodista que indagaba nexos de Hernández con el narco.
Port cierto, Beltrones presentó una demanda en la PGR mexicana sobre el reportaje de Dillon en el NYT y el resultado final señaló que la nota del corresponsal presentaba “la existencia de difamaciones y calumnias”. En Nueva York Dillon fue protegido por su periódico, le permitieron presentar una lista incompleta de trabajos y resistieron hasta el final la presentación de una corrección y una disculpa a Beltrones, a pesar de que la embajada estadunidense en México y el consulado en Sonora había declarado oficialmente que Beltrones había sido una pieza clave en la lucha contra el narco en México.
La nota de Ahmed sobre la prensa mexicana y la política publicitaria del gobierno no fue la primera con errores de técnica periodística y de desequilibrios informativos. En mayo del 2016 Ahmed publicó una nota muy parcial para denunciar la letalidad de las fuerzas armadas en la lucha contra el crimen organizado, sin aportar elementos que señalaban que los militares habían repelido ataques ni cruzar la información con una mayor letalidad de las fuerzas policiacas en los EE.UU. que habían provocado motines de afroamericanos afectados, al grado de que las protestas de jugadores de futbol americano al hincarse durante el himno nacional en protesta contra abusos de fuerza de policías contra afroamericanos que había llevado al presidente Trump a exigir el despido de los jugadores rebeldes. En un año fueron asesinados mil 100 ciudadanos en los EE.UU. por policías.
La nota de Ahmed sobre la letalidad de las fuerzas armadas mexicanas se publicó en el contexto de las presiones del gobierno de Obama para desplazar a los militares mexicanos de la lucha contra el crimen organizado y facilitar la llegada de militares estadunidenses, un hecho que significaría la verdadera colombianización del narco. En el contexto de las presiones de seguridad nacional de la Casa Banca el NYT formó parte de la estrategia de seguridad nacional de Washington de ablandamiento de México vía reportajes periodísticos.
El NYT suele apuntalar su prestigio con las decenas de premios Pulitzer que ha recibido. Pero en el 2000 la revista Brill´s Content reveló favoritismo en la asignación de esas preseas: el administrador del Pulitzer es el periodista Seymour Topping, quien ha laborado durante treinta y cinco años en diferentes posiciones del NYT. Y esos premios han opacado denuncias formales presentadas por abogados contra los abusos en las acusaciones del NYT, como el libro Journalistic Fraud, del abogado Bob Kohn, en el que analizaba minuciosamente y desde el punto de vista jurídico la forma en que el NYT violaba los códigos de veracidad con acusaciones sin fundamento en muchas de sus notas.
5.- El NYT y el petate del muerto
En este contexto sólo queda decir que a veces los mexicanos nos comportamos como sociedad del tercer mundo y nos asustamos cuando poderosos medios como el NYT desenvainan la espada justiciera. Pero a veces le damos más importancia al diario neoyorkino que la que tiene en función de sus pasivos éticos periodísticos. Hay veces que da en el blanco, pero las más yerra sin rubor. Por eso no hay que tomar muy en serio la nota de Ahmed, toda vez que su nota muy larga carece de marco periodístico, marco histórico y sólo es un reclamo de un diario que se erige como la autoridad moral sin tener los merecimientos por historias propias.
La crisis del periodismo mexicano existe, es muy profunda y debe ser debatida. Y un marco político es su papel en la transición mexicana a la democracia electoral. Asimismo, debe analizar lo que ocurre con la prensa mexicana vía el régimen de propiedad, los espacios a la crítica, la inexistencia de lectores ávidos de información y la ausencia de empresarios que con sus anuncios contribuyan a la pluralidad informativa, por cierto los mismos problemas por los que atraviesa la gran prensa estadunidense y que ella misma se ha negado a debatir consigo misma. Los corresponsales como Dillon y Ahmed sólo agitan las aguas en busca de reconocimientos que nada tienen que ver con el periodismo analítico y que solo revelan enfoques de superioridad que no revelan los problemas del periodismo mexicano.
Como corolario sólo hay que precisar que el NYT no es la catedral del periodismo que tanto pregonan sus seguidores, sino que, como todo periodismo que tiene yerros y certezas, es sólo una capilla de condado en una sociedad, por cierto, con la presencia de miles de religiones practicantes.

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