Quizá para muchos lectores, este título suene a novela cuya autoría bien puede atribuirse a Ricardo Anaya. En distintos espacios de opinión, se comenta que el ahora precandidato de Por México al Frente está construyendo su meteórica carrera política con base en traiciones, dejando un reguero de víctimas a su camino, pero también es necesario que debamos preguntarnos si esto es una condición única del queretano o hay más ejemplos entre nuestra clase política de este tipo de conductas.
El que esté libre de traiciones…
En el terreno de la política mexicana, las prácticas a las que recurren varios de sus elementos son objeto de críticas, pero de igual manera son imitados por los demás miembros de esta clase.
Ahora, se ha dicho que Ricardo Anaya es un maestro de la traición, incluso en varias columnas –como las de Ricardo Alemán o Rafael Cardona–, se le menciona más por esta característica que por alguna otra.
La pregunta que debemos hacernos es si, en realidad, las traiciones que se le atribuyen al queretano son ciertas y si es el único que ha hecho de esto el principal soporte de su carrera política.
En espacios de opinión, se ha destacado un hecho que podría estar relacionado con lo que aquí abordamos, pero con la justificación de que es necesario para que el político en cuestión avance en su carrera, nos referimos a lo que se ha denominado “parricidio político”, mediante el cual se da una traición al antecesor –y a quien le deben buena parte de la posición desde la cual llevan a cabo esta maniobra–, para quitarlo del medio y controlar el gobierno que ganaron.
Esto se ha dicho de López Obrado respecto a Cuauhtémoc Cárdenas, de Mancera respecto a Marcelo Ebrard, de Zedillo respecto de Salinas de Gortari y, por supuesto, de Anaya respecto a Gustavo Madero.
Es decir, en el medio político se acostumbra que se hace a un lado a quien ayudó a alcanzar cierto puesto o cargo de elección para quedarse con todo el liderazgo.
¿Por qué con algunos personajes esto es entendible, en función del crecimiento profesional o como parte de sus respectivas carreras políticas y para otros no?
Que Anaya haya hecho a un lado a varios de los que lo ayudaron a llegar hasta donde se encuentra actualmente, no es distinto a lo que han hecho otros.
Pero tenemos que también se dice que es un traidor en función de que ha incumplido muchas de las promesas y compromisos adquiridos con otros actores políticos, como por ejemplo el que hizo en el marco de la campaña a gobernador del Estado de México con el gobierno de Peña Nieto, para atacar a Morena y su abanderada, pues finalmente se lanzó contra el candidato priísta y se ganó el desprecio y antipatía del propio titular del ejecutivo federal.
También aquí tenemos algo que no es exclusivo del panista, pues hay muchos ejemplos de compromisos incumplido en todos los partidos, desde hace décadas. Para el panismo, fueron muchas las ocasiones que escucharon la promesa de que el gobierno federal no iba a meter las manos en los procesos electorales, sucediendo todo lo contrario, pero nadie desconfía de los priístas, incluso de aquellos que hoy siguen en el escenario político.
Además, tenemos que considerar que si hay algo que se le critica a nuestra clase política es, precisamente, la falta de cumplimiento de sus compromisos, muchos de ellos hechos al calor de las campañas electorales, de lo cual pueden dar cuenta muchas organizaciones sociales o sindicatos que han hecho manifestaciones o plantones acusando al gobierno de Peña Nieto –como fue recientemente el caso del SME o de propietarios de tierras cercanas a la construcción del Nuevo Aeropuerto de la CDMX–, de incumplir con sus promesas, pero nadie llama traidor al exgobernador del Estado de México.
Anaya puede ser muchas cosas, traidor entre ellas, pero no es el único que puede portar esa etiqueta en un medio en el que la palabra de un político no es algo que tenga un valor alto, incluso en encuestas los ciudadanos han calificado a los partidos políticos como de las instituciones que menos confianza merecen desde la sociedad.
Que muchas de las decisiones de Anaya y de sus compañeros de aventura electoral son pragmáticas, claro que sí, al igual que las de muchos líderes partidistas, llámense Mancera, Ebrard, López Obrador, Peña Nieto, Ochoa Reza, Calderón, Fox y tantos otros que han desfilado por el escenario político.
Quizá esto se vea de otra manera conforme avancen las campañas electorales, pues no hay mucha diferencia entre los candidatos que van a competir, incluidos los independientes –con algunas honrosas excepciones–, pero se trata de una de las características que define a nuestra clase política.
Del tintero
La competencia electoral se dibuja como una lucha entre tres, con el acompañamiento de dos o tres independientes. Esto dibuja un escenario totalmente diferente al que se había comentado –y celebrado en algunas columnas que apostaron por el fracaso del Frente–, en semanas anteriores. Ahora con las precampañas, tendremos tiempo para evaluar lo que cada formación política podrá hacer a partir del último día de marzo, fecha en que empieza la parte final del proceso electoral, algo que será a muerte.
@AReyesVigueras

DEJA UNA RESPUESTA