“…Nunca más un gobernador que abuse del poder público para beneficio personal o intereses particulares o partidistas, nadie estará por encima de la ley…”. Estas palabras fueron parte del discurso del exgobernador Gabino Cué Monteagudo en su toma de protesta.

Seis años después, concluyó su mandato, el gobierno del cambio que enterró la esperanza y la confianza de miles de oaxaqueños, un gobierno que desfalcó las arcas públicas. Antes que concluyera su mandato, salieron a relucir las denuncias de distintos sectores, falta de pago de salarios a trabajadores, de pagos a proveedores, de obras que no iban a concluirse, de servicios prestados e  insumos ya entregados, del pago de becas a estudiantes, por citar algunas.

El peor gobierno sin duda, el adjetivo se sostiene por las promesas incumplidas, que cambiaría la gestión pública, que vendrían los mejores hombres para hacer frente al saqueo que Oaxaca había tenido en administraciones anteriores, que la profesionalización sería una realidad, que la inversión pública se quedaría en Oaxaca, la lista es amplia.

Como oaxaqueño, tengo ese sentimiento contra Gabino Cué, porque dejó en manos de servidores públicos corruptos el destino de Oaxaca, los señalamientos que hice de actos de corrupción fueron evidentes desde su primer año de gestión, a ninguno tocó, algunos renunciaron y otros siguieron saqueando a la mirada de todos. No hizo caso a las denuncias ciudadanas, mucho menos separar del cargo a los señalados y por supuesto que nunca inició un procedimiento para investigarlos los presuntos hechos de corrupción. Hoy se ha confirmado el enriquecimiento ilícito de los servidores públicos señalados.

La estrategia bienestar un negocio para unos cuantos, los programas sociales se colapsaron, cada vez fueron menos los recursos y los programas destinados al bienestar de los oaxaqueños. La obra pública gubernamental se esfumó, las pocas obras representativas no justifican el monto de la deuda pública destinada a proyectos de inversión. Las 3 o 4 obras, duraron casi todo el sexenio; sin proyectos definidos, sin costos reales y sobre todo, sin el consenso de la ciudadanía. La Secretaría de las infraestructuras un adorno, a otros secretarios se les permitió mano libre para que construyeran; el Secretario de Administración construyendo el metrobus, el Secretario de Turismo construyendo puentes y vialidades anexas al auditorio Guelaguetza, por ejemplo.

El Fondo Regional utilizado para otros fines, menos para combatir las desigualdades en nuestras regiones más pobres, a falta de proyectos viables, los recursos fueron dilapidándose poco a poco. Hoy no hay una justificación clara sobre los más de mil quinientos millones que anualmente se autorizaban en este fondo.

Las cocinas comunitarias, otro negocio lucrando con el hambre de la niñez oaxaqueña. Su gobierno tomó para el  Sistema DIF, los recursos del Ramo 33 del Fondo de Aportaciones Múltiples en su vertiente para la asistencia social, aproximadamente 3 mil millones de pesos, para adjudicarlos a proveedores con empresas de reciente creación, mediante procesos simulados de licitación pública donde solo se apersonaba un solo proveedor. No hay estudios de mercado que hayan garantizado que los productos se compraban a los mejores precios.

La gestión pública se desarticuló por completo, orgánicamente, movían, intercambian y desaparecían puestos de confianza conforme a las exigencias de los titulares. El deterioro tuvo como causa, repartir las dependencias y entidades a los partidos políticos de la coalición, sin haber tomado en cuenta perfiles o profesionalización de quienes las dirigieron. Su invocada Gran Reforma del Estado, sirvió en gran parte, para el reparto de cuotas partidistas en los órganos autónomos, quedando como verdaderas agencias de colocaciones. El “Oaxaca de todos, un Gobierno para todos”, fue para unos cuantos.

Era necesario pues hacer justicia, sobre todo, por las vicisitudes que mucha gente paso durante el sexenio de Ulises Ruíz Ortiz, el tejido social se fragmentó, la ciudadanía increpando a la autoridad. Se esperaba un sexenio de cambio, de fondo, de justicia y de paz para Oaxaca.

El día 29 de noviembre se interpuso ante el Congreso de nuestro estado, la solicitud de juicio político contra Gabino Cué Monteagudo, acompañando al Consejo Ciudadano contra la Corrupción y la Impunidad.

Las cantidades de recursos públicos exorbitantes sin comprobar, motivo de las observaciones realizadas por los órganos fiscalizadores de la Federación a las cuentas públicas 2011-2014, lo ameritaban. Sabíamos que faltaban los dos años más críticos de su gestión.

Tuvimos que emplazar a las principales fuerzas políticas que anidan en el congreso para que a la brevedad se integrará una comisión que analizará el contenido de las acusaciones por diversos delitos, en su discurso de campaña se lamentaban de esta catástrofe, era necesario que asumieran su responsabilidad.

La representante de MORENA en la comisión Instructora, tenía que hacer este trabajo, se tardó en actuar, alegaba que atrás de nuestro expediente tenía varias centenas que le había dejado su antecesora. A más de un año, ha sido un recorrido lento, las fuerzas políticas lo ven con cierto temor, pensaron que lo iban a “enterrar” en la Comisión. No fue así, la ruta del juicio político tiene que seguir hasta sus últimas consecuencias, la corrupción no puede ocultarse y someterse a juicios de índole partidista. Por eso como ciudadano, considere necesario firmar el juicio político, para que hubiera un precedente apartidista y sin tintes políticos. Vamos a ver si es cierto que los que se dicen apoyar al candidato presidencial de MORENA, quieren combatir a los corruptos.

Considero que los candidatos presidenciables José Antonio, Ricardo y Andrés Manuel, le tienen que prometer y cumplir a Oaxaca, que se le hará justicia, Gabino Cué debe enfrentarla, la madeja de corrupción tendrá que salir a relucir para los que saquearon a Oaxaca, estén en la cárcel. Faltan varios.

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