2.- Fallas de técnica periodística en reporte de Ahmed

Los defectos de la nota de Ahmed revelan las intenciones típicas de observadores extranjeros: carecen de un marco histórico y presentan un enfoque unilateral. Es decir, esos textos están redactados para la forma de operar de los dos principales destinatarios de los reportes de los grandes diarios: los hacedores de políticas exteriores y los lectores que leen el NYT con ojos de dominación imperial. Por ello es que los reportes no reflejan realidades reales, sino realidades interpretadas. Inclusive el gran esfuerzo de Alan Riding, corresponsal del The New York Times en México en los setenta, reflejó su intento de comprensión de México desde la perplejidad de la superioridad, como se nota en una relectura crítica de Vecinos Distantes. Ciertamente, no todos los corresponsales extranjeros son John Reed.
Es muy complicado para los despachos de prensa registrar datos históricos que enriquezcan la comprensión de la problemática de México. Pero cuando menos algunas pinceladas podrían ayudar a cumplir una de las grandes aportaciones de los corresponsales estadunidense en Vietnam en los sesenta y setenta: la contextualización, porque las cosas son no porque son sino porque contienen elementos que las hacen ser. La larga nota de Ahmed revela que lo medios mexicanos están comprados por la publicidad gubernamental, pero no explica cómo es que en esos mismos medios hay enormes y profundos esfuerzos de crítica anti sistémica radical; en 1994 la prensa paró en seco la línea de represión contra el EZLN en Chiapas. Y era fácil entenderlo en un enfoque comparado: la cobertura crítica sobre Vietnam de los grandes diarios fue posible aún en contra de la percepción imperial anticomunista de anunciantes y lectores del diario. Pero las nuevas generaciones de reporteros estadunidenses han olvidado sus propias experiencias.
La lucha de periodistas mexicanos por espacios de ejercicio de la crítica ha superado las presiones gubernamentales, los compromisos de los editores y los perfiles conservadores de lectores y anunciantes. Hasta el movimiento estudiantil del 68, los espacios críticos en la prensa eran muy escasos. Inclusive, con apenas semanas de haber tomado el cargo, los editorialistas de Julio Scherer García en Excelsior eran institucionales, pro-gobierno. Por eso las manifestaciones estudiantiles sobre Paseo de la Reforma se detenían en los balcones de Excelsior y El Universal a gritar; “¡¡¡prensa vendida!!!” Paradójicamente solo el periódico El Día, dirigido por el excomunista y entonces priísta Enrique Ramírez y Ramírez, era el único diario que se atrevió a publicar los manifiestos de protesta del movimiento.
La ruptura en Excélsior en julio de 1976 promovió la multiplicación de medios que recibían publicidad oficial pero mantenían sus espacios críticos. El punto sensible era otro: la disidencia era sistémica, institucional, crítica, pero no promotora de otro régimen. Se trataba de que el régimen de la Revolución Mexicana regresara a sus objetivos de justicia social que representaba –todavía en aquel entonces– el PRI y su sector nacionalista-revolucionario. Es decir, medios intensamente críticos no pedían cambio de régimen, ni siquiera la alternancia partidista en el poder. El Partido Comunista Mexicano, el único partido de oposición real hasta 1978, era ilegal y perseguido por la policía política del Estado. Por ello es que Proceso, Siempre, La Jornada, UnoMásUno, El Financiero, El Universal y Excélsior nunca buscaron un nuevo régimen, sino que consolidaron espacios críticos, de manera independiente al importante porcentaje de publicidad oficial en ellos y al margen de la propiedad empresarial de los medios.
El reporte de Ahmed se quedó sólo en el destino de los fondos publicitarios del gobierno, sin explicar la configuración e historia política de los medios. Pero la alternancia del 2000 no hubiera sido posible sin la crítica consistente de medios escritos, a pesar de los fondos publicitarios gubernamentales. De ahí que al reporte del NYT carezca de datos de equilibrio informativo que ha sido uno de los elementos del periodismo estadunidense moderno: probar si esos medios tienen espacios críticos o toda su información es oficial y favorable al gobierno. Es como si se dijera que el dinero de Carlos Slim que salvó al NYT de la quiebra debiera ser el único elemento analítico sobre la cobertura informativa del diario.
Y al reporte de Ahmed le faltó –entre muchas otras cosas que exige el profesionalismo del periodismo analítico real– un análisis de la parte importante que definen los espacios editoriales de los medios: el régimen de propiedad, con el dato adicional que en los noventa ese mismo régimen empresarial permitió el boom del columnismo crítico con autonomía relativa de los intereses empresariales, pero que en la alternancia y en el peñismo esos espacios críticos se redujeron sin desaparecer.
El texto de Ahmed se quedó, por tanto, en la superficie; y si bien ha derivado en muchas reacciones, en técnica periodística no cumplió su objetivo porque quedó lleno de huecos de ineficiencia, incomprensión y desequilibrio.

Nota de la Redacción: El ensayo fue publicado originalmente en www.etcetera.com.mx
La www.coyuntura.com.mx tiene la autorización para reproducirlo.
Por su importancia, y dada la extensión será publicado en cuatro partes.

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