Luis Octavio Murat

El pasado 6 de julio del año en curso escribí en esta columna una entrega titulada “Las calificaciones más altas”, al estar convencido de que la opción más conveniente para abanderar al PRI en la próxima elección presidencial debería ser, José Antonio Meade Kuribreña, aquel entonces Secretario de Hacienda que hacia lo posible para salvar el barco que hacía agua debido al exceso de endeudamiento.
El nuevo secretario manejó el barco hasta estabilizarlo, a pesar de las broncas aguas de un mar embravecido a causa de las equivocadas decisiones económicas de su antecesor quien gastó más de lo que ingresaba a las arcas del país.
Esto dio oportunidad para mostrar las capacidades del funcionario, sus calificaciones, lo que aprendió en la academia y en su paso por cuatro secretarias de estado como titular. Así lo demostró en Relaciones Exteriores, en Desarrollo Social, en Energía y nuevamente en Hacienda.
Estamos hablando de un funcionario que no necesita incienso para elevarse a las alturas para que las masas lo reverencien.
Por el contrario se trata de un sólido funcionario que ha mostrado ser hombre de estado y eso es positivo porque el recorrido que realizó durante veinte años por las oficinas gubernamentales lo han dotado de experiencia, de autoridad en las disciplinas a las que se ha entregado y eso lo hace poseedor de las mejores calificaciones de entre todos los hombres del presidente que aspiraron a ser candidatos a la presidencia del país.
Lo anterior no quiere decir que no haya funcionarios destacados en este gobierno como es el caso de José Antonio Gonzalez Anaya, egresado en economía e ingeniería mecánica por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT por sus siglas en ingles), quien ha entregado buenas cuentas en las instituciones a las que ha llegado para rescatarlas de la ruina como el Instituto Mexicano del Seguro Social y Pemex.
Ahora, tras la renuncia de José Antonio Meade a la Secretaria de Hacienda para ir en busca de la candidatura del PRI a la presidencia de la república, Gonzalez Anaya fue nombrado titular de la Secretaría de Hacienda.
Nombramientos y renuncias las del pasado lunes que van perfilando el inicio de la contienda electoral que toca las puertas del país, la cual será una de las más disputadas del México de nuestros días.
El acto presidencial, efectuado en el salón Adolfo Lopez Mateos con la liturgia presidencial a la usanza de antaño llamó la atención de medio México que estuvo atento a las “Palabras mayores” del Presidente de la República. Liturgia de tiempos idos que regresaron para cumplir con ese ritual misterioso que despertó el interés de la opinión pública, que atenta estuvo del televisor para enterarse del remate de la faena goyesca del Presidente y que una vez concluida dolió a más de uno.
Acto sobrio el de Los Pinos que, aunque breve, lo disfrutó a plenitud el mandatario que usó el poder que le otorga el sistema político mexicano para pronunciar las “Palabras Mayores”; aquellas que en la añeja liturgia priísta solo están reservadas a la voluntad presidencial y que Luis Spota, como analogía espléndida, describió en su libro “Palabras Mayores” en 1975.
Las reacciones a los movimientos efectuados por el Presidente Peña han sido variados, unas con enfado por el uso de la “añeja liturgia” priísta usada por el Presidente, pero ¿hubiera podido ser diferente cuando Peña Nieto fue formado precisamente en el seno de ella?
Usos y costumbres, a pie juntillas, se cumplieron en Los Pinos como en los “viejos tiempos” del tricolor.
Solo un cambio notable, el “destapado” no es miembro activo del PRI, y eso, cosa curiosa, lo hace atractivo para las masas ofendidas por el priísmo prepotente y corrupto, y todavía más, cuando Meade esta limpio, es honesto, no es corrupto, no posee excesos materiales, no esta enfermo por la ambición, de clase media alta, académico, sin “cola que le pisen”, lo cual lo “cura en salud” de los ataques que desde el martes pasado afinan la mira de sus carabinas para dispararle todo lo que le encuentren.
Siendo Meade el menos vulnerable de los aspirantes explica, en consecuencia, el factor que decidió al Presidente apoyar su candidatura. Cualquier otro difícilmente daría la batalla con éxito para vencer el reto que el PRI tiene enfrente.
Meade tiene el escudo anticorrupción y eso, en los tiempos actuales, cuenta y mucho, agreguemos su profesionalismo. Estamos entonces, frente a un jugador de ligas mayores, a la altura de los retos por venir en los cuales la capacidad profesional, más que el populismo verbal, conviene al país y a la nación.

@luis_murat
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