Francisco J. Sánchez

Cuando de siniestros se trata, la geografía acerca, la tragedia solidariza y los aprendizajes unen. Los dos primeros unifican y el tercero multiplica. Es el caso del sureño estado mexicano de Oaxaca con un país como Chile.
Siete años después del terremoto y el tsunami del 27 de febrero de 2010 -que sacudió el centro-sur de ese país sudamericano, y que es considerado uno de los cinco más fuertes registrados en el mundo-, tres especialistas comparten su talento con el gobierno estatal en un libro de apoyo psicosocial para niños y niñas titulado “Cuando la tierra se movió”.
La iniciativa gubernamental -que pretende circular un primer millar de ejemplares en las próximas semanas-, arrancó a las pocas semanas de los sismos de septiembre como un ejercicio de apoyo para los padres de familia que promovió una asociación civil llamada Xiccam en Santa Cruz Xoxocotlán, un municipio cercano a la capital de Oaxaca.
En esa ocasión, organización y especialistas en prevención de desastres, medios de comunicación y orientación psicológica, se apoyaron en la Secretaria Ejecutiva del Sistema Local de Protección Integral de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de Oaxaca (SIDNNA), María Cristina Salazar Acevedo para ejecutar las acciones.
El resultado: se iniciaron los trabajos para construir una propuesta pública de trabajo de largo plazo para dar prioridad a la atención emocional de los niños, niñas y adolescentes después del siniestro y también proporcionarle a las personas adultas una mayor y mejor preparación para éstas contingencias.
Para ello, Salazar Acevedo tomó como punto de arranque la experiencia del Consejo Minero de Chile y el trabajo de Josefina Martínez,Elena Sepúlveda, Rossana Culaciati, autoras del libro interactivo “Cuando la tierra se movió”, que hoy espera su autorización para imprimir los ejemplares, pero con una adaptación a la visión mexicana y oaxaqueña.
Sin embargo, esta pequeña gran iniciativa lleva en su esencia otras grandes lecciones:
Uno. En el 2010, el terremoto en Chile fue de una magnitud de 8.8; las réplicas continuaron diez meses después hasta alcanzar la magnitud de 7.1, lo que indica que seguirá temblando en Oaxaca y se hace absolutamente indispensable trabajar el aspecto psicosocial.
Dos. La responsabilidad de la sociedad civil y los padres de familia, no la puede sustituir el gobierno federal, estatal o municipal. Es decir, la iniciativa personal hace la diferencia y sigue haciendo la diferencia.
Tres. Si las personas adultas son quienes deciden el cómo, el cuándo, el dónde y el para qué de quienes tienen menos edad, éstas requieren de una mayor y mejor preparación para atender éstas contingencias.
Cuarto. Las niñas, los niños y los adolescentes de hoy son quienes en la próxima década les tocará resolver los entuertos que las personas adultas del antes y después del 7 y 19 de septiembre expusieron en nombre de la política oaxaqueña.
Por eso, la generosidad de las autoras del libro “Cuando la tierra se movió” es un regalo de Chile para Oaxaca.

El autor es especialista en marketing, periodismo y comunicación política.
@lacoyunturamx

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