Se desataron los demonios

Día 7 de septiembre, Oaxaca se alista para recibir al Presidente de la República para inaugurar el Centro de Convenciones (CCCO).

El gobernador del Estado ha sido informado de que todo marcha según la logística acordada por los cuerpos de seguridad: policía estatal, municipal, Estado Mayor Presidencial, la Zona Militar y los grupos de agentes judiciales y el delegado de la Secretaria de Gobernación.

Este protocolo asegura que todo este listo para recibir al Presidente por haberse aprobado todos los filtros de seguridad que, en estos casos, se requieren para que una gira presidencial se efectué sin problemas y en base a los informes rendidos por el Gobernador del Estado, por la Zona Militar, por el Estado Mayor Presidencial y el Delegado de la propia secretaria de gobernación, principalmente.

De manera que, cuando el Ejecutivo Federal visita las entidades de la República es porque la seguridad está garantizada y no se corren riesgos para la institución presidencial representada por el presidente de la República.

Sin embargo, el jueves pasado sucedió lo contrario con la comitiva presidencial que corrió peligrosos riesgos que pusieron en peligro a la comitiva presidencial, a sus invitados y a los compañeros periodistas, al ser atacados por cohetones lanzados contra los dos helicópteros que trasladaban al Presidente y a los periodistas de la fuente informativa al Centro de Convenciones en donde se efectuaría el acto de inauguración.

Sucedió, que el helicóptero que transportaba a los periodistas fue alcanzado por un cohete lanzado por militantes de la S22, que perforó el plástico de la cabina de pilotos, llenándola de humo de pólvora quemada y obligando a la nave a aterrizar de emergencia.

Los videos muestran el cobarde ataque que, por suerte, no tuvo más consecuencias como pudieron haber sido el que la nave que transportaba al presidente hubiese sido alcanzada ocasionando fatales consecuencias, o que el helicóptero que transportaba a los periodistas hubiese caído causando daños irreparables.

Lo ocurrido fue grave y no se debe dejar hacer, ni dejar pasar, debe investigarse y castigar a los culpables que atacaron los helicópteros y desataron la violencia en las calles, correteando a los asistentes nacionales y extranjeros y llenando de pavor a las niñas milenials que no daban crédito al salvajismo desatado por los guerrilleros de la S22. Seguramente se preguntaron: ¿Que antro es este?

El saldo de lo ocurrido debe castigarse con todo rigor, no hacerlo es antidemocrático tolerando tal anarquía; porque, en efecto, las leyes brillaron por su ausencia en Oaxaca durante la visita presidencial y por haber fallado los sistemas de seguridad debido a la irresponsabilidad y falta de oficio político de los jóvenes funcionarios que todavía no entienden que gobernar un estado no es ser parte de una sociedad de alumnos protegida por los muros universitarios. Ya hemos visto esa ineptitud en más de un par de ocasiones en lo que va del sexenio, poniendo en riesgo al Ejecutivo Estatal, y ahora al Ejecutivo Federal.

No entienden que están trabajando en el marco social, en la vida real y no de vacaciones y divertirse con el folk y tomarse selfies disfrazados con vestidos regionales y al lado de personajes del momento, mañana ¿Chi lo sa?

En suma, los responsables del zipizape, zaragata o batahola resultaron reprobados en lo que fue un examen de la visita del presidente que, por cierto, se ha portado bien con su amigo el gobernador al haberlo cobijado con amplitud, pero que en esta ocasión no fue correspondido por culpa de un equipo de novatos sin oficio político.

Otro de los demonios que se desataron el pasado jueves fue el terremoto de magnitud 8.2, el mayor en cien años en México y desatando su mayor fuerza en el suroeste del país con un saldo fatal cercano al centenar de fallecidos, según los últimos reportes de los grupos de recate.

Eran las 23.49 horas del jueves 7 cuando las alarmas sísmicas se prendieron y poner en alerta a las comunidades que, en efecto, respondieron con acierto al ponerse a salvo. El sismo recorrió la mayor parte del país con toda su fuerza de 8.2 grados, mayor que la del terremoto de 1985, pero con la diferencia y la buena fortuna de que el terremoto del pasado jueves fue oscilatorio y con epicentro más distante de la Ciudad de México que aquel monstruo que destruyó la capital de la República en 1985, aunado al buen oficio de ingenieros y técnicos de la construcción que aprendieron de tan cara lección. Sin embargo, Chiapas, Oaxaca y Tabasco no escaparon a la furia de la naturaleza.

No obstante, la naturaleza escogió su epicentro y castigó con furia a las comunidades como fue el caso del Istmo de Tehuantepec, Chiapas y Tabasco.

Juchitán, mi lugar de origen, fue azotado con toda la fuerza sísmica de 8.2 grados del terremoto, destruyendo el Palacio Municipal y 7 mil viviendas; acabando con la vida de 31 personas; con casas desaparecidas por la creciente marítima y todo un caos mortal y material. Juchitán es, hasta este momento, el municipio más golpeado por el terremoto.

No obstante la tragedia un patriota rescató la bandera mexicana de los escombros del Palacio Municipal, la colocó en el asta, y la levantó sobre los escombros frente a la destrucción.

Chiapas y Tabasco fueron víctimas también del terremoto, afortunadamente con menos perdidas humanas que las habidas en Juchitán.

El Presidente declaró Luto Nacional y las tareas gubernamentales de salvamento y salud se iniciaron para evaluar los daños, perdidas humanas y materiales, así como el envío de víveres, construcción de viviendas, medicinas y lo urgente en estos casos.

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