José García Sánchez

El Frente Ciudadano por México se convierte en un intento fallido desde el principio. Esta vez los tres partidos unificados en estas siglas se debaten internamente anunciando divisiones y desmembramientos.
El PAN apenas respira por las diferentes instancias en las que ahora son identificadas las corrientes que encabezan los diferentes posibles candidatos a las Presidencia de la república.
El PAN se considera, todavía, la segunda fuerza política en el país. No es verdad.
La división del partido blanquiazul, se basa en caprichos de posibles candidatos. Margarita Zavala, Rafael moreno Valle, Ricardo Anaya, y los posibles incorporados Ernesto Ruffo y Juan Carlos Romero Hicks. Cada uno quiere su propio partido.
Por si fuera poco, en el Senado, uno de sus cuadros más polémicos, Ernesto Cordero, es acusado de traición por formar parte del frente común de senadores priistas, para favorecer el pase automático del actual Procurador General de la República a Fiscal General.
En las últimas elecciones Movimiento Ciudadano apenas logró conservar su registro. La figura nada clara de su líder vitalicio, Dante Delgado crea divisiones soterradas pero definitivas y definidas al interior de su partido. Su partido no cohesiona a los militantes sino que los divide.
Por su parte, el PRD ha extraviado la brújula de la izquierda desde que Los Chuchos lo tomaron por asalto y se ha disminuido en fuerza social, en cantidad de votos y en sus cuadros más importante. Actualmente la corriente de Víctor Hugo Lobo, quien no goza de mucho prestigio ni le caracteriza la honestidad, es el único grupo social cual algunos militantes.
La firma del Pacto por México a unas horas de que el actual gobierno entrara en vigor, colocó al PRD a la derecha del PRI.
Los tres partidos que conforman el frente no sólo están divididos, la división sea tal vez, el menor de sus problemas porque lo que no pueden hacer es tener líderes que los distingan del resto del frente sin que éstos sean, al mismo tiempo candidatos.
La urgente necesidad de que haya un liderazgo real en cada una d estas organizaciones impide la democratización interna y compromete la estructura de sus partidos a una sola intención ganar las elecciones de 2018, pero si sus líderes, son los mismos que ahora están en funciones legislativas o partidistas y serán los mismo s que compitan por el poder, la selección de candidatos se complica y la posibilidad de triunfo se aleja.
Lo que puede verse próxima es la división del frente si no marcan la diferencia entre líderes y posibles candidatos.
La identidad delos tres partidos integrados en el Frente estaba perdida desde hace años, nadie puede asegurar en este momento que Movimiento Ciudadano o el PRD sean de Izquierda. En cuanto al PAN se ha movido entre la ultraderecha y el centro derecha, con bandazos casi de 180 grados, y no puede ubicar a los electores dentro de una consigna estable. Las diferencias entre panistas y neopanistas se reflejan en su representación legislativa, que tiene todo, menos identidad ideológica.
Ante estas condiciones el Frente no ganará espacios electorales, pero su gran victoria consistirá en que el posible ganador, el favorito desde ahora, sea derrotado.

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