José García Sánchez

El Acuerdo Político de Unidad Nacional por la Prosperidad del Pueblo y el Renacimiento de México, donde se unieron a Morena algunos personajes de la vida política y social del país fue un gran golpe mediático contra los partidos que fueron abandonados por algunos de los 35 personajes que se unieron al proyecto de Andrés Manuel López Obrador.
Los partidos aludidos fueron el PRD, el PRI y el Verde Ecologista, cuyos desertores no sólo se unen a un proyecto diferente sino que buscan capitalizar el efecto público para colocarse en un cargo.
Los que se incorporaron a Morena son cuadros con más fama que experiencia política, sin embargo, con una gran fe en la transformación del país. No por eso deben ser ingenuos en su conciencia ni inexpertos en la actividad pública. Son personajes que en lo individual pude arrasar más seguidores, convocarlos, con su sola presencia, a incorporarse a este movimiento, pero también debe haber fuera de estas adhesiones que son golpes mediáticos sanos y contundentes, una actividad de cabildeo.
Es decir, que dentro de este Movimiento de Regeneración el cabildeo con los otros partidos es a veces más importante que la incorporación de cuadros de otras organizaciones. Se gobierna con la oposición, que guarda equilibrios que muchas veces el poder no resiste o bien requiere darle una inclinación hacia algún lado para poder caminar.
Se gobierna con la oposición más que con los adeptos. Se ganan debates legislativos con los otros partidos, no con los propios. Es necesario que, desde ahora, se deje de lado la intensidad mediática, para penetrar sutilmente en las fuerzas contrarias con el objetivo de dar a conocer proyectos con posibles acuerdos futuros.
Es mejor tener aliados en la oposición que crear un frente común parlamentario donde las fuerzas equilibradas no conducen a ningún lado. Porque para reformar un artículo constitucional se requiere de tres cuartas partes del Congreso. Y nadie puede lograr esa mayoría en las próximas legislaturas.
Por ejemplo, los diputados locales de Nuevo León, Gabriel Tláloc Cantú y Eugenio Montiel Amoroso, al igual que los empresarios de ese mismo estado Antonio Barceló Garza, Alberto Mazón y Alfonso Romo, podrían quedarse donde estaban, incluso sin partido, y desde esas instancias apoyar al gobierno de López Obrador. Porque lo apoyos de cuadros importantes no se reducen a los reflectores de los medios durante las campañas sino que deben realizar un trabajo más complejo que es coincidir, no sólo dentro de las filas del movimiento sino afuera.
Se gobierna con la oposición, y en ella deben estar enclavados simpatizantes del movimiento que, sin traicionar los principios y acciones de sus organizaciones puedan servir de puente para los acuerdos y convenios necesarios para sacar adelante leyes y acuerdos que puedan darle vigencia al nuevo gobierno. Si caer en una febril obsesión reformista pero tratando de cambiar lo que es necesario transformar. Y entenderemos como gobierno, por fin, no sólo al partido en el poder sino a todas las fuerzas que acuerdan, por convicción propia y debate de por medio, avanzar en las coincidencias.
Lo mediático es importante, esencial, en las precampañas, en las campañas incluso, pero los acuerdos, el cabildeo y el debate previo a las comisiones legislativas es primordial en el gobierno para avanzar. Morena y todos los partidos con posibilidades reales de ganar en 2018, necesitan aliados, desde miembros del actual gobierno, hasta de las filas de otros partidos, también y sobre todo, dentro de una sociedad que no por ser plural desconoce las afinidades en las soluciones comunes y los beneficios generales.

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