En estos días está circulando en México un documental realizado a partir de una fotografía; en ella aparecen el presidente Carlos Salinas de Gortari con los escritores Gabriel García Márquez, Héctor Aguilar Camín, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y varios periodistas conocidos localmente.

El documental, realizado por Diego Enrique Osorno y Alexandro Aldrete no sólo la despertado viejas rencillas, sino que abrió de nueva cuenta el expediente de las relaciones entre los intelectuales y la política en México.

El asunto refiere pugnas históricas que derivaron en dos de los más importantes grupos intelectuales que marcaron la vida cultural en México en los setenta: el de Fernando Benítez-Monsiváis-Aguilar Camín y el de Octavio Paz.

El punto de fricción fue las relaciones de los escritores con el poder. El año de 1972 fue el de la ruptura. Benítez dirigía el suplemento La cultura en México en la revista Siempre y lo convirtió en el único centro de la vida cultural.

En 1972 México salía de la noche de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968 y la represión del movimiento estudiantil y el presidente Echeverría, ministro de Gobernación y responsable directo de la agenda de gobierno de las protestas juveniles, busco a los intelectuales.

Dos pronunciamientos fueron polémicos: Benítez afirmó que el dilema era “Echeverría o el fascismo” y Carlos Fuentes –después embajador de Echeverría en Francia– afirmó que “dejar solo al presidente Echeverría sería un crimen histórico de los intelectuales”.

Del lado contrario se encontraba Paz, embajador de México en la India; en octubre de 1968, motivado por las informaciones de prensa sobre la represión en Tlatelolco, Paz había renunciado al cargo diplomático, fue acosado por el gobierno del presidente Díaz Ordaz y se refugió en los EE.UU.

En noviembre de 1969 dictó una conferencia en la Universidad de Texas, en Austin, con un tono muy crítico contra el sistema político mexicano y planteó el dilema: “democracia o dictadura”.

Esta conferencia –que sería la base de su celebrado ensayo Posdata– es la esencia del pensamiento político de Paz y puede ser consultada en versión íntegra en http://indicadorpolitico.mx/imgpublicaciones/pdf/RIP_agosto.pdf.

El acercamiento de Echeverría a los intelectuales críticos creó un ambiente de definición de posicionamientos políticos: Benítez y Fuentes se incorporaron al gobierno y Paz se refugió en la independencia en la revista Plural del periódico Excelsior.

En 1972 se fijaron las trincheras: Paz dedicó una edición de la revista a la relación “Los escritores y la política” y Benítez y Monsiváis contestaron en La cultura en México con textos que arrinconaron al grupo de Paz en el espacio de los liberales como sinónimo de derechistas o conservadores.

En diciembre de 1977 Paz concedió una entrevista a la revista Proceso y ahí pronunció su frase más famosa: los intelectuales pueden trabajar en el sector gubernamental pero deben “mantener la distancia del Príncipe”. Monsiváis polemizó con Paz con textos de creciente confrontación. Años después Paz señaló que la relación de los intelectuales con el poder era “una pasión desdichada”.

La relación pensamiento-poder ha creado el marco de análisis de los intelectuales con el Príncipe.

Este contexto explica un poco la foto que provocó el documental en circulación, en nota publicada por el periódico El Universal: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/patrimonio/la-cultura-y-el-poder-inspiran-documental.

Aunque los aludidos han dicho que esa reunión fue entre posiciones independientes, en realidad hay historias diferentes: García Márquez fue amigo de Salinas de Gortari y enlace entre el presidente mexicano y Fidel Castro, Monsiváis trabajo en el Programa Solidaridad de la presidencia de Salinas y Aguilar Camín recibió contratos de Solidaridad que financiaron sus tareas intelectuales, todo ello documentado y probado.

Existe otra foto de Salinas en la casa presidencial con Aguilar Camín, Monsiváis y Elena Poniatowska.

Paz, en cambio, nunca trabajó ni colaboro más con el gobierno, aunque siempre mantuvo un enfoque positivo sobre los comportamientos políticos de los presidentes.

La tradición señala una relación cercana de los intelectuales y el gobierno. Hasta los cincuenta, casi todos los intelectuales trabajaban en oficinas públicas; Paz fue un caso singular: formo parte del servicio exterior de carrera y fue ascendiendo hasta ser embajador.

En agosto de 1968, el canciller mexicano solicitó a Paz una nota con sus consideraciones sobre las rebeldías estudiantiles y Paz envió un texto que señalaba el agotamiento del viejo sistema político priísta y sugería la democratización del PRI y del sistema.

El texto no gustó. Y luego del 2 de octubre, Paz renunció con una carta muy crítica contra el autoritarismo del poder.

En 1991, en una mesa de debates sobre la caída del Muro de Berlín que organizó Paz con intelectuales de todo el mundo, el peruano Mario Vargas Llosa aportó una interpretación de la relación intelectuales y poder en México: la dictadura perfecta no era la Unión Soviética, ni Cuba, ni China, sino México; la razón: en México el sistema político daba cabida a todos, incluyendo a los críticos más severos. Con este modelo, la crítica se disolvía en el institucionalismo.

Paz abandonó el espacio del gobierno en 1968 y nunca más recibió ni cargo, ni fondos, ni salarios.

La foto del documental de Osorno y Aldrete revivió el debate: la autonomía/dependencia del escritor frente al poder/política/Estado.

Queda, eso sí, el consejo de Paz: el intelectual debe mantener la distancia del Príncipe.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

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