Carlos Ramírez

Si los ataques nazis y racistas en Charlottesville-Virginia y los atropellamientos en Barcelona son absolutamente condenables y no tienen un gramo de justificación, cuando menos es importante explicar que detrás de ellos hay una realidad política, social y geopolítica que debe incorporarse al cualquier análisis racional.
El racismo en los EE.UU. ha sido histórico y las conciencias liberales de hoy han preferido las concesiones de poder que la revisión de la gnosis racista; la misión histórica de Barack Obama para ganar dos veces la presidencia fue justamente la de una reconciliación de razas que existió como segregación hasta 1969, pero el primer presidente afroamericano de los EE.UU. dedicó sus esfuerzos a salvar… al capitalismo imperialista. La mejor evidencia del fracaso de Obama fue la victoria electoral de Donald Trump.
El movimiento racista como fundamento ultraderechista existe hoy, en mayor o menor medida, en Europa con el rechazo a los refugiados de Africa y Medio Oriente, pero también por el fracaso del liberalismo en materia de políticas sociales. El fin histórico del Estado de bienestar llevó a la confrontación histórica entre ricos y pobres, fermento del pensamiento excluyente.
En los EE.UU. los gobiernos han preferido criminalizar el radicalismo racista que avanzar en una conciencia social interracial. Las leyes contra el racismo se han impuesto por la fuerza, lo que ha llevado a células crecientes de racistas. A ello se agrega el tema de la guerra civil estadunidense 1861-1865 que no derivó en un nuevo acuerdo de razas, sino que fue la imposición de una raza y el aplastamiento de otra. Charlottesville es el fermento de una nueva guerra civil.
El atropellamiento en Barcelona –camionetas como destructivos misiles no explosivos tierra-tierra– fue, como otros, criminal contra población civil. Sin embargo, tiene su explicación –no compartida pero latente– en el papel aliado de España con los EE.UU. en la guerra en el medio oriente, originalmente por el control del petróleo. El radicalismo musulmán bélico nació como religión de guerra contra los que masacran civiles árabes.
La guerra conducida por los EE.UU. en Afganistán, Irak y Siria tiene como saldo, hasta ahora, casi 300 mil civiles muertos en acciones invasoras y entre 5 y 10 millones de desplazados. Clinton, Bush Jr., Obama y ahora Trump son los responsables directos de una política militar de ocupación que significa una guerra contra fracciones radicales, potenciadas, en un círculo vicioso, por la invasión estadunidense y sus aliados. Y los aliados estadunidenses en estas acciones –España, Inglaterra, Francia, Italia– han sido víctimas del terrorismo radical musulmán. El ISIS es el Estado islámico en Irak y Siria.
Mientras los EE.UU. y sus aliados no resuelvan los conflictos en el medio oriente y en zonas de explotación imperial africanas, la respuesta radical de grupos religiosos no va a ceder. Nada justifica choques como en Charlottesville ni ataques como el de Barcelona, pero los gobiernos de ambas naciones tienen una corresponsabilidad porque son reacciones violentas a acciones violentas y desacuerdos sociales pospuestos.
Charlottesville fue un mensaje después de la presidencia del afroamericano Obama y Barcelona presentó una señal de lo que viene por el radicalismo musulmán. Y más que condenas, el mundo requiere que los gobernantes de las grandes potencias reordenen las formas de atender los mensajes detrás de los ataques, ahí donde las relaciones sociales y las relaciones de explotación siempre van a detonar radicalismos violentos.
Política para dummies: La política es el entrenamiento para explicar y explicarse la realidad, no para condenarle con pasión y sin ideas.
Sólo para sus ojos:
Como siempre, las autoridades castigan a las víctimas y no a los delincuentes. Ahora imponen en escuelas primarias revisiones tipo EE.UU. para impedir acceso de armas, pero los partidos han aflojado el control de armas en las leyes. Y no hay reflexión social y educativa sobre el efecto negativo de la criminalidad en los niños y adolescentes.
El presidente del PAN, Ricardo Anaya, sigue posicionando a su familia en medios y pagará altos costos por ello. Muchas fotos de la inscripción de sus hijos en una escuela de paga privada en la Ciudad de México, luego de vivir a todo lujo en los EE.UU. Y luego se queja porque invaden su privacidad.
La batalla de Javier Duarte es contra el tiempo, porque espera que se termine el corto plazo de dos años de gobernador de Miguel Angel Yunes o que solicite licencia en un par de meses para ser precandidato del PAN a la presidencia sin ninguna posibilidad de ganar.

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@carlosramirezh

NOTA: El título original de la columna es Detrás de Trump-Charlottesville e ISIS-Barcelona, realidad oculta.

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