San Antonino Castillo Velasco, Oaxaca.- Una de las cualidades necesarias para crear cosas extraordinarias es la paciencia, y aunque no todos poseen el don, hay personas que nacen con él. Éstas viven en San Antonino, lugar donde la creación de su traje típico desafía los límites de la paciencia.
Amas de casa la mayor parte del día y artesanas en su tiempo libre, las mujeres de este municipio, ubicado en los Valles Centrales de Oaxaca, dan rienda suelta a su paciencia, la cual ponen a prueba con la elaboración del vestido San Antonino, una obra de arte que tarda hasta un año para estar lista.
Con la personalidad curiosa propia de un virtuoso, la artesana Antonina Cornelio Sánchez platicó la razón del por qué este traje típico lleva tanto tiempo en realizarse. Todo se debe, aseguró, a las técnicas de acabados que posee: el bordado en aro de madera, el deshilado, el tejido a gancho y el famoso “hazme si puedes”.
Conocida como la población de las flores, San Antonino es un valle donde rosas, margaritas, pensamientos, aves y otros animales conviven en armonía para servir de musa a las artistas de su entorno.
“Uno se inspira de ver las flores, a mí me fascinan las flores, entonces cada cosa que veo la naturaleza me inspira mucho, usted ve que hay pajaritos, mariposas y danzantes”, dijo en entrevista con Notimex la bordadora que desde el nombre lleva plasmado su destino.
Azul eléctrico, rosa mexicano y verde limón, son las tonalidades multicolores con las que Antonina borda con delicadeza las flores y animales que lleva el bordado primavera, típico de este pueblo, el cual se estampa en el tradicional vestido, en blusas y camisas.
“Un vestido especial se lleva hasta un año de elaboración, si usted ve los pensamientos (flores) ve cuantos colores tiene acomodados en cada uno. Una blusa típica nos lleva cuatro meses y aún hoy en día es común ver a la gente portándolos en su vida diaria o en una ocasión especial como una boda”, dijo.
Para realizar este bordado, la artesana, que se encuentra en la planta baja de su casa y que ha sido habilitada como taller, coloca el cajón (la parte del cuello) en un aro de madera, donde va cosiendo con paciencia y pulso, los pequeños detalles que le pueden llevar hasta tres meses de elaboración.
Asimismo, el deshilado que va de la mano con el bordado, ha significado el deterioro de la vista de Antonina debido a la agudeza visual que se debe tener para realizarlo. En cambio, el encaje rojo, realizado a gancho y que se coloca en los bordes de la pieza, es un momento de relajación para ella.
“El deshilado, que nos lleva hasta seis meses, consiste en ir jalando los hilos de la tela. Hilo por hilo se le va sacando y ya que se deshiló se empiezan a hacer las amarraduras que son puros hilos y ya se van haciendo las figuras como moñitos, mujeres y danzantes”, explicó.
Representando la unión de la familia, el bordado “hazme si puedes”, como su nombre lo dice, es una de las técnicas de acabado más difíciles del vestido San Antonino. Dicho trabajo se encuentra colocado tímidamente en una pequeña franja de apenas dos centímetros de grosor en la parte frontal del vestido o de la blusa.
“Muestra a un hombre y una mujer agarrados de las manos y se llama así porque no cualquiera puede hacerlo, porque sobre la tela fruncida se van bordando las imágenes y se tienen que contar las puntadas para sacar cada figura, que pueden ser también rosas o el nombre de una persona”, señaló.
Destacó que esta obra maestra se ha ido perdiendo ya que actualmente son pocas las familias que se dedican a elaborarlo; “nosotras, como artesanas, no queremos que se pierda porque es una tradición muy bonita que nos dejaron nuestros antepasados”.
En este sentido, Antonina narró que en su familia son cuatro las generaciones que se han dedicado a elaborar el vestido típico de la comunidad que puede tener un costo de 5 mil a 15 mil pesos, mientras que las blusas van de 400 hasta 2 mil pesos.
“Mi mamá me enseñó a bordar antes de la escuela y mientras estábamos descansando nos decía -agarra un cajón y empieza a tejer- y estábamos teje y teje, pero gracias a la enseñanza que ella nos dio es que sabemos hacerlo. Y es el mismo patrón que he llevado a cabo con mi hija y ella con su niño”, aseveró.
Asimismo, señaló que aunque la gente sigue consumiendo el vestido tradicional, el grupo que encabeza, conformado por 25 mujeres bordadoras, ha innovado en la realización del vestido y las blusas utilizando telas estampadas o de colores, cuando los originales se realizan en popelina blanca.
Además, han incorporado otros productos donde se plasman estas técnicas de acabado en bolsas, chales, carteras, cortinas y camisas para varones.
Sin duda, esta mujer, al igual que muchos miembros de San Antonino, posee el don de la paciencia el cual la lleva a que cada obra de arte que realiza ya sea una blusa o vestido “sea especial, porque en cada pieza se queda parte de mi corazón y mis ojos porque lo hago con todo el amor”.

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