Oaxaca no puede entenderse sin el vínculo a los hombres y mujeres del campo, desde el enfoque cultural en la organización y participación de la ciudadanía en las comunidades, hasta las perspectivas económica y productiva, al representar uno de los sectores que otorga sustento diario un sinnúmero de familias.

Por ello, es pertinente examinar los matices que los conflictos de carácter agrario tienen en nuestro estado, como uno de los ejes fundamentales para el transcurrir de la gobernanza en Oaxaca.

A partir de la Reforma Agraria, poco más de 100 millones de hectáreas de tierras, equivalentes a prácticamente la mitad del territorio nacional, fueron entregadas a los campesinos para estar sujetas a un régimen de derecho social o agrario, y con ello, el establecimiento de casi 30 mil ejidos.

Es este sentido, es importante analizar cómo se lleva a cabo la relación al interior de la propiedad agraria, como criterio básico para la socialización en las comunidades y como elemento para el desarrollo y la productividad a nivel nacional y estatal.

De acuerdo al INEGI, en Oaxaca existen un total de 784 ejidos y 838 comunidades agrarias, distribuidos en prácticamente todos los municipios del estado, principalmente en aquellos de carácter rural. Esto habla del fuerte arraigo que el sector agrario posee en nuestra entidad.

Sin embargo, es palpable que en general a nivel nacional se ha ido superando el tema de los conflictos agrarios, al grado que en muchos estados no se vislumbra una agenda gubernamental en la materia.

Situación muy distinta a la que ocurre en Oaxaca, ya que los conflictos de carácter agrario son parte de los temas que exigen la ocupación del gobierno debido a que se han permeado de situaciones de violencia donde inclusive han llegado a existir muertes, lo cual pone en riesgo la estabilidad y paz social de forma generalizada.

Basta mencionar que según la Delegación de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), a mediados de 2016 existían un aproximado de 400 conflictos agrarios en el estado, de los que 146 estaban considerados como focos amarillos que se estaban en proceso de resolución en los tribunales o conciliaciones correspondientes; asimismo, 32 eran considerados como focos rojos, debido a que han ocurrido conflictos graves, es decir, enfrentamientos violentos y armados donde hubo heridos o asesinatos.

Para dimensionar la magnitud de los Conflictos Agrarios en Oaxaca, basta mencionar algunos casos, por ejemplo, a principios de año en Guadalupe Victoria, agencia de San Juan Juquila Mixe, donde a raíz del asesinato de un adolescente de 15 años de edad y 7 personas heridas de bala, aproximadamente mil personas abandonaron la comunidad por temor a su integridad.

Otra situación muy reciente es la que se vivió la semana pasada por el Conflicto Agrario entre San José Obrero Paso Ancho, Sola de Vega y San Vicente Coatlán, Ejutla; donde perdieron la vida cuatro personas.

Como estas dos historias es posible encontrar muchos ejemplos, por tal motivo, la línea de atención a los Conflictos Agrarios en Oaxaca no debe enfocarse a soluciones momentáneas, sino estar encaminadas a la búsqueda de respuestas definitivas a las problemáticas, para ello, es necesario la creación de un marco institucional sólido y capaz de responder en forma eficiente y eficaz, basado en el diálogo, el consenso y la coordinación en el marco del respeto y la justicia con las partes interesadas.

Es fundamental impulsar estrategias para que la propiedad agraria en Oaxaca deje de ser el foco de conflictos, y se convierta en el punto de partida para el bienestar, el desarrollo y la productividad de las comunidades, esto, solamente de logrará con la interlocución comprometida de las autoridades correspondientes y con la participación activa de los miembros de cada núcleo agrario; dejar de lado los intereses particulares y de ciertos grupos, y colocar como prioridad el bien común.

@AdolfoToledo_

adolfotoledo@hotmail.com

 

 

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