Algunos actores políticos han regresado a la agenda de medios temas como la segunda vuelta electoral o la conformación de un gobierno de coalición, en un contexto en el que en las próximas elecciones de 2018 dará inicio la reelección de algunos cargos como presidentes municipales. Con la proclividad a modificar el marco legal de acuerdo a las circunstancias, podríamos estar viendo el inicio de una nueva reforma política.
Necesidad de cambio
En México hemos tenido varias reformas políticas que han modificado algunos aspectos del marco legal que rige el tema electoral. Ahora se vuelve a discutir la conveniencia de incluir otros temas como el de una segunda vuelta electoral y la formación de gobiernos de coalición.
El motivo es la idea de que quien resulte ganador de la próxima elección presidencial lo hará con un porcentaje menor a 25 por ciento de la votación recibida, lo cual –si descontamos el abstencionismo– hará que la representación obtenida en las urnas sea mínima. Otro aspecto que influye es la manera en que el segundo lugar puede provocar una crisis política si la diferencia entre el ganador y él es reducida, como sucedió en 2006.
El recuerdo de las dificultades y negociaciones para que tomara posesión Felipe Calderón ese año, es otro punto considerado para impulsar este tipo de propuestas.
Cabe recordar que dentro del Pacto por México, en su punto 5, se incluyó la propuesta de gobierno de coalición, misma que ya fue incorporada a la legislación respectiva, pero el tema de la segunda vuelta es el que más resistencia ha enfrentado.
No cabe duda de que el sistema político mexicano ha cambiado desde la alternancia en la Presidencia en el año 2000. Las reglas del juego han cambiado de tal manera que se hace necesario ajustar todo el sistema a la nueva realidad que vivimos.
Pero hay que tener cuidado, pues ya se cuenta con una sobrerregulación en materia electoral, por lo que incluir nuevos elementos podría generar un marco legal muy complejo que sería difícil de cumplir.
Y es que a pocos se les puede dar gusto en esta materia, considerando el tamaño de la demanda ciudadana respecto a las elecciones y los partidos. Para algunos sectores sociales, el tema del financiamiento es lo prioritario, en tanto para otros lo es contar con un gobierno apoyado en una mayoría parlamentaria que le permita generar consensos y un programa apoyado por varias fuerzas políticas.
Lo único seguro es que la discusión se puede prolongar de esta fecha hasta pasadas las elecciones de 2018, pues como ha sido costumbre luego de cada votación federal surgen demandas para modificar algún tema de las leyes electorales y, aprovechando la ocasión, incluir algún otro elemento que se tenia en el tintero.
El tema del centenario de la Constitución Mexicana también será un buen pretexto para ampliar la discusión y proponer alguna reforma a la carta magna –o a una nueva, pues también se prevé que surja una nueva propuesta en este sentido–, para incluir este tipo de temas en el texto.
Así, en las elecciones federales de 2024, México podría estrenar una segunda vuelta electoral o un gobierno de coalición, aunque nos sigamos preguntando si tenemos partidos políticos con suficiente madurez para llevar a buen puerto este tipo de iniciativas.
Las experiencias que se han tenido en materia de alianza electoral, que podrían servir de antecedente de un gobierno de coalición, nos han mostrado que la unión es meramente para ganar unos comicios, pues son pocos los casos en los que se elabora un programa conjunto de gobierno. Es algunos casos, luego de algunos años, los partidos que apoyaron al candidato ganador terminan alejándose del funcionario y reconociendo el error de postular a alguien que no llevó a la práctica sus propuestas. El caso de Sinaloa con el anterior gobernador es un ejemplo de lo que comentamos aquí.
En tanto se concreta estas propuestas o algunas otra, la duda que queda es si lo que realmente necesitamos es una reforma en nuestros partidos políticos, de manera que dejen de ser vistos como negocios y se vuelvan instituciones que ayuden a resolver los problemas del país. Se vale soñar, diría alguno.
Del tintero
Similitudes curiosas y preocupantes. Los presidentes de los partidos son nota en los medios pero no por sus propuestas o análisis de la realidad, sino por sus intenciones para convertirse en candidatos. Anaya y López Obrador están en esta tesitura, en tanto que Ochoa Reza ya enfrentó un trascendido que lo ubicaba con ganas de subirse a ese tren, al igual que sus colegas azules y morenos. Alejandra Barrales es mencionada para la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Así, no es de extrañar la molestia interna pues parece que trabajan, no para el partido que dirigen, sino para sus propios proyectos.

@AReyesVigueras

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