Rufina Luis Gómez vive obsesionada con las líneas, el color y los detalles desde su infancia en Santa Cecilia Jalieza -una agencia municipal de Santo Tomás Jalietza, Ocotlán, ubicada a 33 kilómetros de la ciudad capital-, donde el pueblo vive de la tierra, la madera y el pincel.

Pero a diferencia de sus padres y sus hermanos, que son artesanos-talladores o artesanos-pintores, la joven nunca deja de parir ideas, dibujos o colores desde que estudia la licenciatura de Artes Plásticas en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO).

Es la excepción de Santa Cecilia Jalieza, donde el límite educativo está muy bien definido en el perímetro geográfico donde se ubica la telesecundaria. A partir de ahí, hay que tener solvencia de carácter y de dinero para continuar el bachillerato en Ocotlán.

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Y lo extraordinario de Rufina Luis Gómez es que saltó el condicionamiento que impone la geografía y la cultura de lo oaxaqueño para profesionalizarlo con nuevos diseños que impulsen su talento innato pero de su pueblo en otro ámbito, en otro espacio.

Me gusta estudiar para tener más técnica. La teoría te ayuda. Aprendí que mi trabajo de tallar y pintar madera vale más cuando supera lo artesanal porque lleva tiempo y cada pieza que elaboro lleva su inspiración en cada material que se utiliza, explica la universitaria.

Durante la entrevista en la oficina de su promotora, María de las Mercedes Palau Ranz, la indígena universitaria de 24 años coloca su muestrario itinerante en una mesa que define su meta: mezclar arte y diseño con el estilo artesanal de su pueblo a otros productos y texturas como corbatas, bolsas o zapatillas.

Me están enseñando en la UABJO nuevas formas. Un maestro me dice que un día voy a pintar un muro con el mismo estilo con el que pinto y voy a ver otra cosa. Voy a pasar de la artesanía al arte. Es un reto más porque voy a pasar del pincel a la brocha, explica.

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