Desde hace relativamente poco tiempo, los gobernadores pasaron de ser figuras secundarias en el escenario político nacional, incluso removidos o puestos en el cargo del presidente de la república, hasta convertirse en virreyes que dominaban todos los ámbitos de sus respectivas entidades.

Pero esto parece llegar a su fin, pues las acusaciones en su contra y las derrotas electorales los han colocado en una categoría en la que pocos quisieran estar: responsables directos de la comisión de varios delitos.

Virreyes acusados

La anécdota circuló a finales del sexenio de Vicente Fox. En ella se cuenta que a la primera reunión entre el mandatario panista y todos los gobernadores de las entidades del país, los priístas acudieron a la cita con bastante humildad pues habían perdido a su líder natural, ya que el Presidente ya no venía de su partido; no obstante la nueva realidad, al momento en que escucharon del exgobernador de Guanajuato que en su mandato se les iba a respetar, no se les iba a remover como en el pasado y que serían tomados en cuenta para todo, comenzaron a comportarse como los virreyes que mucho se ha criticado.

Luego vendrían los apoyos financieros de la federación, sin estar sujetos a rendición de cuentas claras, y el escenario estaba listo para que los gobernadores pasaran de ser actores de reparto a convertirse en los mandamases de sus respectivas entidades, controlando lo mismo el presupuesto estatal que la legislatura local.

Con los ingresos que se lograrían con altos precios del petróleo durante los dos sexenios panistas, muchos de los gobernadores gastaron a manos llenas sin control, dejando en muchos casos deudas que serán pagadas por las futuras generaciones.

Casos como los de Andrés Granier, Humberto Moreira y, ahora, Javier Duarte, son sólo parte del anecdotario político mexicano, en el cual políticos provenientes de distintos partidos enfrentan acusaciones por irregularidades y actos de corrupción, cuando no derrotas electorales.

El escenario actual que enfrentan estos personajes dejo de ser el de la impunidad y los exilios dorados al estilo de Arturo Montiel. Una ciudadanía más exigente y una oposición más activa, que aprovecha la coyuntura, ha cambiado el panorama político del país pues por primera vez en su historia la mitad de los estados es gobernado por un partido distinto al PRI, incluso uno independiente en el caso de Nuevo León.

Los casos en los que los gobernadores son señalados como responsables de corrupción, se repiten en paralelo de derrotas electorales que los colocan en la antesala de procesos judiciales en su contra, teniendo que recurrir a amparos para no pisar la cárcel, como en los casos de Rodrigo Medina o Guillermo Padrés, del PRI y del PAN.

Pero no son los únicos casos que podrían enfrentar a la justicia, pues tanto Roberto Borge, César Duarte y Javier Duarte también son señalados como parte de este selecto grupo al cual la ciudadanía espera que terminen en un reclusorio.

Es así que vemos que los gobernadores han pasado en lo que va del actual siglo, de ser todopoderosos mandatarios en sus entidades a convertirse en los objetivos de la ira ciudadana.

Sin duda se trata de buenas noticias, pues esto refleja a una ciudadanía más interesada en castigar a los malos gobernantes, además de medios que se encargan de revisar las finanzas estatales y dar a conocer las evidencias, gracias a los cual nos hemos podido enterar de las empresas fantasmas que se han contratado en Coahuila o Veracruz, así como de las enormes deudas públicas que se han encontrado en varias entidades.

Una de las principales motivaciones para los corruptos era la impunidad, pero después de ver como algunos de los gobernadores señalados han caído en la cárcel como Granier, o con una mala fama pública como muchos de ellos o que actualmente enfrenten procesos penales en su contra, refleja parte de los cambios que hemos vivido como país.

El panorama futuro asociado a las elecciones que el próximo año y en 2018 se tendrán en México, con 10 gubernaturas por renovarse, indican que los gobernadores enfrentarán un escrutinio sin precedentes que puede influir en el resultado en las urnas.

Si alguno de los que en la actualidad está en funciones desea terminar con tranquilidad su sexenio, deberá desde este momento arreglar el desastre que muchas administraciones estatales tienen, en particular en materia de deuda y contrataciones, pues la lupa no será amable con quienes se han dedicado a lucrar con el cargo.

Del tintero

La semana pasada el PAN retiro los derechos como militante a Guillermo Padrés, exgobenador de Sonora. Al igual que Javier Duarte, el partido da el primer paso previo a su expulsión, pero teniendo que esperar que un juicio lo declare culpable. Otro escenario sería si el partido no sólo le quita sus derechos partidistas, sino que lo repudiara como parte de lo que debería ser una reacción más acorde a lo que espera la ciudadanía, pues retirarle sus derechos en el partido equivale a castigar a un niño sin postre durante una semana, es decir, nada.

@AReyesVigueras

Columnista en el Diario Digital Indicador Político y en la Revista Digital Indicador Político. Docente en la Universidad del Valle de México, Universidad de la Comunicación, Universidad Insurgentes y Escuela Bancaria y Comercial. Autor del blog Queso, PAN y Vino a favor del Partido Acción Nacional. Laboró en revista La Nación con notas informativas, crónicas, reportajes, así como entrevistas a presidentes, gobernadores, alcaldes, legisladores, entre otros.

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