Roberto Molina.

No se trata de hacer un análisis de una película exhibida hace algunos años, con escenas bastante violentas por cierto. Pero si, el de revisar y recordar algunos momentos que seguramente la gran mayoría de los lectores han vivido en esas relaciones de pareja bastante tormentosas, que inician como una historia de amor, pero que al final, solo conducen al desencanto a pasar un rato por el infierno, a la frustración, la desesperación y en el mejor de los casos te conducen a una vida en donde no terminas de exorcizar tus demonios.

Está claro que para vivir una relación tormentosa se requiere de dos, y que uno de los primeros problemas es que en la etapa de adultos nos acechan nuestros fantasmas del pasado.

Las relaciones de pareja se establecen en base a los patrones aprendidos en la infancia, no solo con nuestros padres o cuidadores sino también los que conformaban nuestro entorno y la interacción que se tuvo con ellos, es ahí donde empiezan los primeros problemas.

El ser humano suele repetir los mismos patrones del pasado, de ahí que el hombre sea el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces.

¿Por qué esa necesidad de sufrir?
Cuando se decide amar, en muchas de las ocasiones, lo que realmente se busca es encontrar la cura a nuestros problemas internos.

Entre más grande es el número de problemas que nos acechan más nos enamoramos, y obviamente mayor será la cantidad de hormonas secretadas, tal es el caso de la dopamina, la serotonina, noradrenalina, la vasopresina, el cortisol y desde luego la oxitocina.
Vayamos por partes

Estas hormonas producen ansiedad, distorsión de la realidad, obsesión, pérdida del autocontrol, dependencia y adicción.

En el inicio del enamoramiento podemos fortalecer o terminar con nuestra autoestima.
Al repetir patrones nuestro cerebro los identifica y libera sustancias que nos pueden llevar al infierno.

De manera natural en esta etapa estamos alejados de la realidad y si nuestro cerebro identifica una necesidad absoluta por el ser amado, estará secretando niveles bajos de serotonina, no se deja de pensar en la pareja, y la obsesión, la ansiedad y la depresión hacen presa de la persona.

Las dudas y la inseguridad rondan las 24 horas del día y cuando digo las 24 horas, me refiero a que incluso durmiendo, la inseguridad ronda nuestro cerebro.

La relación de pareja tiene tres momentos fuertes e importantes, el estado de estupidez transitoria, el estado transitorio de comportamiento obsesivo y el estado de estrés, lo que hace que se libere cortisol y en donde el hipotálamo libera argipresina.

Así el aumento de la presión arterial, las cefaleas y el aumento de los niveles de glucosa en la sangre, son la constante en esos momentos tormentosos.
Afortunadamente nada es para siempre
La dopamina comienza a descender en sus niveles y volvemos a la realidad, este proceso puede durar de novecientos días a tres años.

Claro que hay quienes padecen de una dependencia afectiva, en donde el miedo al abandono, hace nacer relaciones enfermizas y adictivas. Cuando esto sucede nace el apego a la pareja, una especie de esclavitud moderna que impide ver la realidad, una mezcla rara de sentimientos de posesión, interés, miedo y sufrimiento, perdemos nuestra identidad y nuestra vida creemos que pensamos, sentimos, deseamos y respiramos por la otra persona.

Nuestra autoestima está destruida y perdemos nuestra independencia.
¿Puede haber algo peor?
Todo indica que sí, enamorarse y que una o ambas personas consuman cocaína o metanfetaminas es una mezcla perfecta que nos puede llevar a la muerte.

Existen otras igualmente desastrosas, tales como casarte enamorado o tener un hijo en esta etapa del enamoramiento.
Pero no sufra. Al final, en una relación de pareja cada quien escoge el complemento de su neurosis.
Twitter: @molinaroberto
Facebook: RobertoMolinaH
Vía @Viral_Noticias

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